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Curiosidades musicales

curiosidades musicales

Te vamos a enumerar varias curiosidades musicales

Sí es posible ser amusical

Quizás hayas escuchado que la música es intuitiva o innata en los seres humanos. Si hay vida hay música. Pero en algunas personas puede presentarse la amusia, una serie de trastornos caracterizados por la alteración en la forma como percibimos la música, sea auditiva, en la lectura musical, escritura o ejecución. Como la amusia se presenta en diferentes campos, no quiere decir por sí mismo que exista una disfunción total del oído musical o que se deba a un problema auditivo. La amusia es netamente un problema neuronal.

Este trastorno se puede presentar de varias maneras y es adquirido o heredado debido a un daño cerebral en alguna etapa de la existencia (golpe, caída, tumor…). La amusia va desde la incapacidad para cantar o silbar (amusia motora), la dificultad para distinguir un tono de otro (amusia auditiva), la pérdida o el deterioro para reconocer una canción de otra (amusia musical), la dificultad para interpretar un instrumento musical, por ejemplo, no ser capaz de coordinar una función motora necesaria (tocar con ambas manos), la pérdida de la capacidad para escribir música (agrafía musical) o la incapacidad para leerla (alexia musical).

Quizás, el síntoma más severo de este trastorno musical es el de la incapacidad o la dificultad de una persona de distinguir una canción de otra o de reconocer cuándo suben las notas de tono (hacia los agudos) y cuándo descienden (hacia los graves), ya que varios instrumentos requieren, para su ejecución, de la habilidad auditiva para reconocer la afinación sin utilizar la vista o las guías, y todos los instrumentos requieren distinguir los tonos de una escala. Otro trastorno que afecta grandemente el aprendizaje de un instrumento musical es la amusia musical, ya que cualquier instrumento musical exige coordinación y motricidad fina.

La música puede cambiar el ritmo de los latidos del corazón

El corazón es sensible a los impulsos eléctricos y ya que la música está conformada por ondas, nuestro corazón es capaz de captar estos impulsos a manera de estímulo, por lo cual, puede transformar los latidos de acuerdo al ritmo de la música o sonido que estamos escuchando. Por ello, el corazón de un músico se acelera en un concierto al igual que un deportista de alto rendimiento en una competición. Esto también explica la euforia, tristeza o alegría que puede producir escuchar música atentamente o estar en un concierto.

La música también puede modificar el ritmo de nuestro caminar, dependiendo de lo que escuchemos. En los centros comerciales por ejemplo, la mayoría de música que podemos oír es pausada y moderada en su volumen porque así caminaremos más despacio de vitrina y vitrina, y así, quizás, las probabilidades de compra sean mayores.

El efecto contrario se produce, por ejemplo, en los bares, cantinas o discotecas. En todas ellas el volumen es muy elevado y la música varía dependiendo del ambiente del lugar. Esto sucede porque escuchar música a grandes volúmenes hace que nuestro nivel de ansiedad se acreciente y deseemos beber alcohol para alterar los sentidos y si ya hemos bebido, contribuye a que tomemos mayor cantidad y mucho más rápido de lo normal.

Así que si escuchamos música suave todos los días podemos contribuir a reducir la presión arterial y la frecuencia cardíaca, o si preferimos escuchar música veloz y fuerte, puede ayudarnos a estar atentos, concentrados y con energías para nuestra jornada diaria.

Cuando cantamos en la ducha

Alguna vez en la vida hemos cantado en la ducha, a veces sin darnos cuenta. Y esto sucede porque al estar solos, libres de estrés y disfrutando del agua que cae en nuestros cuerpos o que nos rodea si estamos en una tina, nos relajamos, se activa nuestra creatividad y comenzamos a cantar. Este ejercicio ayuda no solo a sentirnos más a gusto, sino también a oxigenar el organismo con nuestras inspiraciones, a la vez que contribuye a liberar dopamina (el neurotransmisor que le da energía a nuestra mente para focalizarnos en el día). Además, las paredes de los baños, gruesas, lisas y duras son sonoras: revierten muy bien las ondas sonoras que emitimos, produciendo un efecto de estudio de grabación en el que los graves son más profundos y el tiempo que dura una nota en el aire es mayor. Así que ¡a cantar!