Aunque son muchos los beneficios de tocar un instrumento musical, como la satisfacción personal, el horizonte estético que puede lograrse, adquirir una nueva habilidad, disfrutar más profundamente de la música, entre otros, algunos de estos beneficios a largo plazo, si se practica la música como una rutina, son:

Estimula nuestro cerebro

Se dice que escuchar música a temprana edad y ejecutarla puede hacer que una persona incremente su inteligencia. Si bien esto no es afirmado tajantemente, sí está científicamente comprobado que el cuerpo calloso que comunica a ambos hemisferios del cerebro aumenta con la práctica permanente de un instrumento musical, especialmente si se inicia desde los primeros años. En consecuencia, al aumentar el cuerpo calloso se incrementa la capacidad de conexión entre un hemisferio y otro. Soria Urios, Duque y García Moreno (2011, pp.742 y 743) en su artículo “Música y cerebro: evidencias cerebrales del entrenamiento musical” lo explican de la siguiente manera:

“La corteza cerebral tiene la marcada capacidad para reorganizarse según sus necesidades, y el efecto que produce la música en él podemos verlo en cuestiones como, por ejemplo, las diferencias anatómicas presentes en aquellos músicos que cuentan con la habilidad del tono absoluto* [19].

“(…) Diversos estudios han mostrado cómo el aprendizaje y adquisición de una nueva destreza produce cambios en la representación cortical, como el realizado por Pascual-Leone et al [21], quienes asociaron que aprender una secuencia de cinco dedos para piano durante cinco días implicaba una cierta reorganización de la corteza motora.

“El cerebro del músico es un buen paradigma para estudiar la influencia de la música sobre el cerebro, ya que nos ofrece la oportunidad de ver qué diferencias estructurales y funcionales hallamos en aquellas personas que han realizado estudios musicales respecto a las que nunca lo han hecho.

“Como sabemos, la producción musical implica que nuestro cerebro se active para leer una partitura, realizar movimientos específicos, mantener activa la memoria y la atención, identificar los tonos y controlar la afinación e incluso improvisar. No resulta descabellado pensar que el hecho de practicar la música diariamente durante años tendrá repercusiones cerebrales ya que, como sabemos, el cerebro se adapta a nuestras necesidades, tanto funcional como estructuralmente (…).

*El tono absoluto se refiere a una nota concreta como do, re, mi. Los autores se refieren a la capacidad de distinguir cuándo una nota está en estas frecuencias. De allí viene la expresión “oído absoluto”: de la capacidad de identificar una nota sin un tono de referencia, guiarse solo por la memoria auditiva, la cual se adquiere con entrenamiento a lo largo del tiempo.

Una práctica constante de la música hace que nuestros hemisferios se comuniquen mejor.

“Schlaug et al publicaron un estudio en el cual demostraban diferencias en el cuerpo calloso de los músicos profesionales [23]. Compararon a personas con estudios musicales con personas que no eran músicos y encontraron que la mitad anterior del cuerpo calloso era significativamente mayor en los músicos, en especial en aquellos que iniciaron sus estudios musicales a edades tempranas (antes de los 7 años), con un cerebro en vías de desarrollo. Estas diferencias en el tamaño del cuerpo calloso las relacionaron con un mayor número de fibras o fibras con mayor mielinización. En cualquier caso, el mayor tamaño del cuerpo calloso de los músicos implica una mayor velocidad de transferencia interhemisférica. (…) Además de estos dos hallazgos, los autores también vieron que el mayor tamaño del cerebelo era dependiente de la intensidad del entrenamiento musical (horas al día a lo largo de toda la vida), así como de haber iniciado antes de los 7 años el entrenamiento musical [28]”.

Adquirimos constancia en la práctica de una disciplina

Practicar un instrumento musical es como hacer deporte, ya que no solo requiere de un calentamiento y estiramiento previo, sino también de constancia y consciencia para poder ver los resultados. Tanto si se realiza ejercicio físico como si se ejecuta un instrumento la perseverancia en las rutinas es la clave que nos conducirá a los beneficios del deporte y del arte.

Ejercitamos la motricidad fina

La coordinación alcanzada al interpretar un instrumento musical es muy evidente: debemos comprender el lenguaje musical, aprender a leer partituras, traducir esos signos en nuestro cerebro en un significado, darle la orden a nuestros dedos, pies, manos o boca para que ejecuten un movimiento en específico mientras seguimos un tempo. Todo esto mientras comprendemos la intencionalidad de la obra o la canción y si tocamos en grupo, la compenetración con los demás instrumentos.

Tantas tareas complejas al tiempo hacen que nuestra mente se ejercite en toda su capacidad, por lo cual tocar música “es una fiesta para nuestro cerebro”.